Era un día lluvioso, a través de las ventanas se escuchaba el retumbar de los truenos, y el repiquetear de las gotas de agua contra el pavimento de la calle. El resplandor de un relámpago ilumino brevemente, la estancia, sumida en las tinieblas. Yo no me había percatado de la oscuridad que reinaba en la habitación, hasta ese momento. Me encontré sumida en mis ensoñaciones, lejos de la realidad, en un mundo donde reinaba la paz. La imagen de mi hermano llego a mi cabeza, como una fugaz estrella. No soporte el dolor, salí de la habitación como alma que lleva el diablo, baje la gran escalinata de madera oscura de la casona, y salí al jardín. Comencé a correr de nuevo hacia el linde del bosque, la lluvia mojaba mis ropas, haciéndolas mas pesadas, y el frío calaba mis huesos. Pero no me importaba. Mi culpa, todo había sido por mi culpa.
-¡ Angélica! ¡ Angélica! -mi hermano me llamaba desde la puerta de la gran mansión.
Volví la vista atrás, y encontré a Dorian, mi hermano, parado frente a la casa. Mirándome a lo lejos, esperando a que detuviese mi marcha y regresase junto a él. Y así lo hice, no era justo huir de mi dolor, dejando a los demás por el camino. Di media vuelta y comencé a caminar hacia la casa, hasta situarme frente a mi hermano.
-Anda vamos, volvamos adentro -.Dijo mientras cogía mi cintura y me guiaba hacia las las grandes puerta de madera.
Comenzamos a caminar por el recibidor, hasta llegar a las puertas del gran salón, frente a todas las personas que allí se encontraban. Sus miradas acusadoras se posaron en mi, y de un momento a otro, los gritos, y el chirrido de las ruedas contra el asfalto, llenaron mi cabeza. En ese momento vi la silueta de mi hermano Ben junto a la chimenea.
-¡Ben! -grite sin pensar, el alarido de dolor que mi madre profirió hizo que girase la cabeza para mirarla. Cuando volví la vista a la chimenea mi hermano ya no estaba allí.
-¡No te atrevas a blasfemar de semejante manera! ¡Benjamín esta muerto! ¡Y todo es por tu culpa! por tu culpa -.Gritaba mi madre una y otra vez.
Por mi culpa todo había sido por mi culpa… por mi culpa mi hermano estaba muerto… Pero si Ben estaba muerto ¿con quien había hablado yo esta mañana al despertar?
Y de la nada la siseante voz de mi hermano Ben susurro cerca de mi oído: “¿Y si yo no estuviese realmente muerto?”. Y una escalofriante risa fantasmal se escucho por toda la habitación…